PSICOLOGÍA Y DERECHO EN UNA DIMENSIÓN
Santo Domingo Oeste, R.D.
12/07/1998
LA TRAGEDIA DE UNA ADOLESCENTE
En la rivera del Rio Ozama, por los años treinta, en una
comunidad de pescadores, una familia de condiciones muy humilde formada por un
hombre, que por nombre le llamaban Juan
pecao, asiduo a a la bebida, mujeriego y de mal carácter, además de analfabeta Por otro lado su mujer, que por nombre solían llamarla los vecinos Ana Pelo largo, de dulce y sereno rostro y que por demás no sabía leer ni escribir. En cuanto al otro miembro
de la familia, su hija que por nombre
les llamaban Juanita una joven adolescente,
alegre y bullanguera. Pero no voy a
decir que con un destino marcado para un lado, o para otro solo Juanita.
Dicha joven, Iniciando sus primeras fases de adolescente de cadencia
al caminar, de piel cobriza y ojos color canela, siempre con una sonrisa a flor
de labios. La misma, solía todas las mañanas después de cumplir con sus tareas
propia de su hogar. Pero ella partir en busca de su amiga y compañera de
estudio María, hacia una vieja y destartalada escuela de madera de
la zona, en un lugar que los moradores
llamaban ¨El Callejón de las Piedras¨. Este
lugar se encontraba en las
proximidades de la vieja calle de piedra Vicente Celestino Duarte. También la existencia del conocido ¨Solar
Santana¨, en dirección a la Puerta de San Diego y de gran proximidad a la misma y entrada, al
Muelle de Santo Domingo.
Debo destacar en ese mismo orden, que en ese lúgubre callejón
se tejían las más escabrosas situaciones sociales, apartado en muchas ocasiones
del pudor la moral y las buenas costumbres de muchos de sus moradores. También por razones desconocidas no entraban los
agentes de policía y era de alta frecuencia música, mujeres de mal vivir, riñas
entre sus moradores y la presencia
frecuente de Marines extranjeros, mercaderes, trabajadores de los muelles,
raterillos y entre otros homosexuales. Como también, algunas familias sanas y
de buenas costumbres, que aportaban un contraste al entorno social.
A todo esto la alegría de juanita no disminuía aun frente a ese entorno, ni sus deseos de superación, su
dedicación a sus estudios, el compartir con sus amigos y el cumplir con sus
tareas del hogar. Muy por el contrario, estos elementos aportaban a su habar
personal nuevas experiencias, emociones, aspiraciones, alegría de vivir. A diferencia de una situación que marco toda
su vida, e imprimió tristeza, desesperanza
y una mueca de dolor en su rostro visible a todas luces, al extremo de que su
amiga maría solía preguntar ¿que te sucede juanita? que te veo triste y cabizbaja desde hace unos días.
Pero juanita nunca se atrevió a contestar esas preguntas,
solo a tragar con amargura su tragedia, que una noche de verano su padrastro
por error y luego por costumbre, en su borrachera y su apetito sexual en
desmedida, equivocó de habitación intencionada o no y terminó durmiendo en la
cama de juanita. Todo esto ante la mirada furtiva y temerosa de su madre, que
no levanto una mano para defender su honestidad. Muy por el contrario,
reclamaba a juanita, la seguía su ritmo de vida inalterable hasta que
un día conoció a un joven trigueño de
amplia sonrisa, que logró conquistar su corazón.
El cual, no era más que un simple marinero mercante, en una
vieja y destartalada embarcación pesquera, de madera raída por el tiempo y las turbulentas
aguas del mar caribe. Que por demás está decir, todas las tardes solía esperar en el Muelle de
santo domingo la presencia de su joven amada, que por costumbre le llevaba una
jarra de café y un pan de Agua, para disfrutarlo desde luego, en su compañía.
Pero en unos de esos atardeceres, se
despide de juanita vociferándose que a su regreso prometía robarle un beso, el
cual nunca llego.
Esa tarde del 3 de Septiembre del 1930, la cual nunca fue común a las demás, el joven marinero
en su osadía de juventud, se lanza intrépido a la mar sin temor a los fuertes
vientos y las embravecidas olas del mar
caribe. Juanita que también por costumbre tenia, el de esperarle frente a las
orillas del rio Ozama en el Muelle de Santo Domingo, esa lúgubre tarde llego
hasta sus pies flotando de las aguas del Ozama, un madero de la vieja
embarcación que llevaba una inscripción ¨Pedro
y Juanita se aman¨
.
Pero juanita continuaba todas las tardes sentándose a las
orillas del Rio Ozama, con una jarra de café y un Pan de Agua, que solía
comprar en la bodega del viejo banilejo de nombre Plinio, en las proximidades
del Mercadito, frente a las ruinas y partes laterales del ¨Procomio y Manicomio Padre Billini¨ en las calles Hostos y Emiliano
Tejera de la Zona, para esperar su joven amado. Todo esto, hasta que llegaba su
amiga maría, a buscarla a las orillas
del Rio Ozama y le decía Juanita, vayámonos que ya es un poco tarde, entonces le paso su bastón, le quitó el Pan de Agua y
la jarra de café y se fueron a paso lento, entre el apoyo del hombro de maría y
su bastón. Después de llegar a su casa,
donde maría acostó a juanita y le puso al lado de su cama su bastón y le
recordó tomarse la pastilla para la presión, cosa que a ella se le olvidó. Pero
Juanita como de costumbre, si le recordó a maría, Mañana vamos a ir temprano a esperar a pedro y
le voy llevar su Pan de Agua y su jarra de café, como al le gusta. Y esa mañana
nunca llegó.
Por otro lado y en circunstancias a un que en un extracto
social diferente, pero a la orilla del mismo Rio Ozama y en épocas diferentes,
se sucedió un caso similar en los años del 1549, fecha en que fallece María de Toledo cansada de esperar todas
las tardes en los balcones del Alcázar
de Colon, mirando con desesperación la llegada de cualquier bergantín
español, con la presencia de su amado
esposo Don Diego Colon. El cual ya había
muerto en el 1526, pero Doña María de Toledo no lograba sobreponerse a la
muerte de su amado esposo, seguía todas las tardes frente a las orillas del Rio
Ozama esperando a Don Diego Colon el cual nunca llego.
Teódulo Polanco Blanchard
Psicólogo/Jurista
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