miércoles, 29 de mayo de 2013

PSICOLOGÍA Y DERECHO EN UNA DIMENSIÓN
Santo Domingo Oeste, R.D.
12/07/1998
 LA TRAGEDIA DE UNA ADOLESCENTE
En la rivera del Rio Ozama, por los años treinta, en una comunidad de pescadores, una familia de condiciones muy humilde formada por un hombre, que por nombre le llamaban Juan pecao, asiduo a a la bebida, mujeriego y de mal carácter, además de analfabeta  Por otro lado su mujer, que por nombre solían llamarla los vecinos Ana Pelo largo, de  dulce y sereno rostro y que por demás no sabía  leer ni escribir. En cuanto al otro miembro de la familia,  su hija que por nombre les llamaban  Juanita  una joven adolescente, alegre y bullanguera. Pero  no voy a decir que con un destino marcado para un lado, o para otro solo Juanita.

Dicha joven, Iniciando sus primeras fases de adolescente de cadencia al caminar, de piel cobriza y ojos color canela, siempre con una sonrisa a flor de labios. La misma, solía todas las mañanas después de cumplir con sus tareas propia de su hogar. Pero ella partir en busca de su amiga y compañera de estudio María, hacia  una vieja y destartalada escuela de madera de  la zona, en un lugar que los moradores llamaban ¨El Callejón de las Piedras¨. Este lugar se encontraba en las proximidades de la vieja calle de piedra Vicente Celestino Duarte.  También la existencia del conocido  ¨Solar Santana¨,  en dirección a la Puerta de San Diego  y de gran proximidad a la misma y entrada, al Muelle de Santo Domingo.

Debo destacar en ese mismo orden, que en ese lúgubre callejón  se tejían las más escabrosas situaciones sociales, apartado en muchas ocasiones del pudor la moral y las buenas costumbres de muchos de sus moradores. También  por razones desconocidas no entraban los agentes de policía y era de alta frecuencia música, mujeres de mal vivir, riñas entre sus moradores  y la presencia frecuente de Marines extranjeros, mercaderes, trabajadores de los muelles, raterillos y entre otros homosexuales. Como también, algunas familias sanas y de buenas costumbres, que aportaban un contraste al entorno social.

A todo esto la alegría de juanita no disminuía aun frente a  ese entorno, ni sus deseos de superación, su dedicación a sus estudios, el compartir con sus amigos y el cumplir con sus tareas del hogar. Muy por el contrario, estos elementos aportaban a su habar personal nuevas experiencias, emociones, aspiraciones, alegría de vivir.  A diferencia de una situación que marco toda su vida, e imprimió tristeza,  desesperanza y una mueca de dolor en su rostro visible a todas luces, al extremo de que su amiga maría solía preguntar ¿que te sucede juanita? que te veo triste y cabizbaja  desde hace unos días.

Pero juanita nunca se atrevió a contestar esas preguntas, solo a tragar con amargura su tragedia, que una noche de verano su padrastro por error y luego por costumbre, en su borrachera y su apetito sexual en desmedida, equivocó de habitación intencionada o no y terminó durmiendo en la cama de juanita. Todo esto ante la mirada furtiva y temerosa de su madre, que no levanto una mano para defender su honestidad. Muy por el contrario, reclamaba  a juanita, la  seguía su ritmo de vida inalterable hasta que un día conoció a un  joven trigueño de amplia sonrisa, que logró conquistar su corazón.

El cual, no era más que un simple marinero mercante, en una vieja y destartalada embarcación pesquera, de madera raída por el tiempo y las turbulentas aguas del mar caribe. Que por demás está decir,  todas las tardes solía esperar en el Muelle de santo domingo la presencia de su joven amada, que por costumbre le llevaba una jarra de café y un pan de Agua, para disfrutarlo desde luego, en su compañía. Pero en unos de esos atardeceres,  se despide de juanita vociferándose que a su regreso prometía robarle un beso, el cual  nunca llego.

Esa tarde del 3 de Septiembre del 1930, la cual  nunca fue común a las demás, el joven marinero en su osadía de juventud, se lanza intrépido a la mar sin temor a los fuertes vientos y las embravecidas  olas del mar caribe. Juanita que también por  costumbre tenia, el de esperarle frente a las orillas del rio Ozama en el Muelle de Santo Domingo, esa lúgubre tarde llego hasta sus pies flotando de las aguas del Ozama, un madero de la vieja embarcación que llevaba una inscripción ¨Pedro y Juanita se aman¨ 
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Pero juanita continuaba todas las tardes sentándose a las orillas del Rio Ozama, con una jarra de café y un Pan de Agua, que solía comprar en la bodega del viejo banilejo de nombre Plinio, en las proximidades del Mercadito, frente a las ruinas y partes laterales del ¨Procomio y Manicomio Padre Billini¨ en las calles Hostos y Emiliano Tejera de la Zona, para esperar su joven amado. Todo esto, hasta que llegaba su amiga maría,  a buscarla a las orillas del Rio Ozama y le decía  Juanita,  vayámonos que ya es un poco tarde, entonces  le paso su bastón, le quitó el Pan de Agua y la jarra de café y se fueron a paso lento, entre el apoyo del hombro de maría y su bastón. Después de  llegar a su casa, donde maría acostó a juanita y le puso al lado de su cama su bastón y le recordó tomarse la pastilla para la presión, cosa que a ella se le olvidó. Pero Juanita como de costumbre, si le recordó a maría,  Mañana vamos a ir temprano a esperar a pedro y le voy llevar su Pan de Agua y su jarra de café, como al le gusta. Y esa mañana nunca llegó.

Por otro lado y en circunstancias a un que en un extracto social diferente, pero a la orilla del mismo Rio Ozama y en épocas diferentes, se sucedió un caso similar en los años del 1549, fecha en que fallece María de Toledo cansada de esperar todas las tardes en los balcones del Alcázar de Colon, mirando con desesperación la llegada de cualquier bergantín español,  con la presencia de su amado esposo Don Diego Colon. El cual ya había muerto en el 1526, pero Doña María de Toledo no lograba sobreponerse a la muerte de su amado esposo, seguía todas las tardes frente a las orillas del Rio Ozama esperando a Don Diego Colon el cual nunca llego.


Teódulo Polanco Blanchard

Psicólogo/Jurista

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